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Gran Canaria

El hombre que hablaba a las esculturas

José Perera en su estudio, esculpiendo el busto de Juan Guedes (ex jugador de la UD Las Palmas).

José Perera en su estudio, esculpiendo el busto de Juan Guedes (ex jugador de la UD Las Palmas).

Doctor Chil y Naranjo.

El hombre que hablaba a las esculturas

Aguadora en Lomo Magullo.

El hombre que hablaba a las esculturas

Doctor Juan Espino Sánchez.

Trabaja esculpiendo el rostro de algún personaje popular de la época en su taller; se para y alza la voz mirando fijamente los ojos de su obra, “cállate”. Unos instantes después sus manos deforman la cara del busto que está construyendo en barro, espetando a su vez: “¿No te dije que te callaras?”

Este es uno de los recuerdos que mantiene el artista plástico Francisco Lezcano de José Perera Valido, que fue conocido en las décadas de los 60 y 70 por realizar cientos de esculturas que hoy se encuentran instaladas en diversos municipios de Canarias, e incluso alguna repartida por la ciudad de Madrid. Sufría de esquizofrenia, diagnosticada a su vuelta del frente de guerra en 1938; sin embargo, aunque sin duda esta enfermedad afectó a todo su proceso creativo desde ese momento, sus conocidos siempre resaltaron que esta nunca se manifestó públicamente a excepción de raras circunstancias como la vez que Lezcano visitó al artista en su lugar de trabajo. No estaba bien visto en la época visibilizar esta afección, por lo que Perera no hizo más que tragarse su dolor y manifestar su situación a través del modelaje. “Simplemente expreso un retrato de mi propia vida, de mi mundo interior”, manifestó el escultor en referencia a su obra artística en una entrevista para el Eco de Canarias, en 1965.

El historiador Juan Francisco Santana recupera este fragmento de memoria de Lezcano y los datos biográficos del artista para redactar el artículo principal de uno de los últimos números de la revista Guía Histórica y Cultural de Telde con la intención de mostrar su importante aportación al patrimonio cultural canario y su forma de ver el mundo a través de su arte. Perera ha sido considerado como uno de los grandes artistas olvidados del pasado siglo, jamás siendo reconocido tras su muerte. Los directores de la revista cultural teldense, Jose Luis Pérez y Conchy Vera, solicitaron formalmente hace dos años -concretamente, el 5 de noviembre de 2018- al Ayuntamiento de Telde, municipio en donde nació esta figura artística, que “preparen con tiempo suficiente” un acto de reconocimiento al escultor para el centenario del aniversario de su nacimiento, que se celebra el próximo 12 de noviembre.

Desde el área de Cultura de la administración local, dirigida por el concejal Juan Martel, aseguran que la solicitud fue recibida y está pendiente. “Tenemos diferentes propuestas relacionadas con homenajes o nomenclaturas de calles, pero estamos a la espera de poder convocar una comisión junto con la oposición para debatir cuáles deben tenerse en cuenta y cuáles no; todavía no ha podido hacerse”, asevera el edil. Pérez, por su parte, señala que nunca les fue contestada la petición y destaca la pena que siente por la indiferencia de las autoridades ante este personaje cultural, que si bien posee esculturas en casi todos los municipios de la Isla sigue siendo un gran desconocido para la población teldense y canaria en general. Por otro lado, Santana en su artículo también deja constancia del deseo que siente de que se ponga en valor su trabajo no sólo con un homenaje sino que su nombre también quede reflejado en el callejero teldense y de la capital de la Isla. Finalmente también da la idea de esculpir un busto teniendo de referencia alguno de sus autorretratos para instalar en alguna de las plazas o rotondas “y así recordarlo como se merece”, señala el doctor en Historia.

El municipio que vio nacer al artista cuenta actualmente con dos esculturas situadas en sitios estratégicos; el busto de Gregorio Chil y Naranjo que se sitúa en la misma plaza de San Juan, junto a la Basílica (por el cual recibió elogios en prensa, tildándole como “uno de los más destacados creadores canarios”), ejecutada en 1967, y la figura de una aguadora a la entrada del barrio de Lomo Magullo, en referencia a la popular fiesta de la Traída del Agua que se celebra en este enclave cada verano. El autor además realizó un busto del poeta Fernando González, uno de los escritores que se incluyen en la escuela lírica de Telde, que efectuó durante su estancia en Madrid. Actualmente esta pieza escultórica la conserva el hijo de Perera, en su residencia en Valencia.

Asimismo, también cuentan con un gran número de obras la ciudad de Las Palmas de Gran Canarias, los municipios del Sureste y Arucas, lugar al que se trasladó con su familia a los cuatro años. La obra de Perera se define principalmente por su talento para retratar a través del modelaje de barro, por lo que ha sido definido en varias ocasiones como el escultor de los dedos mágicos o de los dedos que hablan; pero no comenzó a desarrollar este don hasta los 25 años. Según explica Santana en su artículo sobre el artista, este volvería del servicio militar con una fuerte depresión y una crisis existencial que le llevaría a ingresar en el Hospital Psiquiátrico de Las Palmas, que estaba dirigido por el doctor Rafael O’Shanahan.

El propio escultor rememoró en varias ocasiones la importancia de este encuentro con el conocido médico, defensor de los beneficios que puede causar el arte en las personas vulnerables, que le impulsó a cultivar su creatividad y le procuró los medios necesarios para que pudiera estudiar. Tras un periodo en la institución mental ejecutó varios retratos de algunos compañeros hospitalizados, de los que se ha dicho que aúnan características como cuerpos contorsionados por el dolor y caras deshumanizadas. Finalmente, apoyado por el director del centro, acabó ingresando en la escuela regentada por Abraham Cárdenes.

Este fue el primer paso para iniciar su carrera en el arte, que pudo avanzar en dirección a Madrid e incluso a París, ciudades en las que residió durante un tiempo y en las que pudo exponer sus obras. Tras gozar de un éxito, aunque poco a poco, comenzó a caer en el olvido. El artista murió el 16 de mayo de 1976, con 59 años, tras caer al vacío desde su estudio.

“A Perera lo ha matado la incomprensión”, expresaron sobre su muerte en la época. Ahora esperan con impaciencia los que lo admiran en la actualidad que su figura sea ensalzada como es debido y su legado escultórico se ponga en valor una vez más.

Fuente: La Provincia

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